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Desafección

19 Jul

Últimamente se habla, y cada vez más, de la desafección política que sufrimos los ciudadanos.

En el Diccionario de la RAE nos define esta palabra como “mala voluntad”, aunque seguramente el significado con que habitualmente la utilizamos se acerca bastante más al de falta de afecto. Esta falta de afecto por la política, pero más aún por los políticos, es claramente comprensible. Es verdad, que en los tiempos que corren, cuando las medidas que se toman desde los gobiernos son cualquier cosa menos agradables estos sentimientos pueden aumentar, pero la creciente desafección a la que me refería antes no creo que nazca de estas impopulares medidas sino que viene de más atrás, y no se ciñe tan solo al partido del gobierno, sino que incluye a todos en general y a los dos mayoritarios muy en particular.

¿Por qué, cuáles son las causas? Seguramente daría para escribir un libro, y no es esa mi intención. Seguramente el motivo principal son las dos realidades distintas en las que vivimos ciudadanos en general por una parte y gente que vive de la política por otra, y nótese que hablo de gente que vive de la política porque no me refiero única y exclusivamente a diputados, senadores, alcaldes…, sino a aquellos que han sido colocados digitalmente (a dedo) gracias a amistades, favores y demás.

Lo que viene a continuación no deja de tener su punto de demagogia, pero muchos granitos de arena terminan haciendo una montaña. Hay alcaldes, por ejemplo, o concejales, que tienen un teléfono móvil a su disposición y personalmente no me parece bien. No es que no me parezca bien que tengan el teléfono, sino que no lo paguen, ¿todas las llamadas que hacen tienen que ver con el desempeño de su trabajo? Evidentemente no. Mucho se ha hablado de los sueldos de los políticos, de si la política debe estar bien pagada…, de acuerdo, pues como en general lo está que cada uno se pague sus gastos. ¿Hablamos de coches oficiales? ¿Tiene sentido que el alcalde de un pueblo de 40.000 o 50.000 habitantes tenga coche oficial? En una población de ese tamaño los desplazamientos se pueden hacer perfectamente andando y si hay que ir a la capital pues se paga uno la gasolina o utiliza el transporte público que es lo que nos recomiendan hacer a los demás. Si multiplicamos estos pequeños gastos por todos y cada uno de los que incurren en ellos seguramente obtenemos una cifra nada despreciable.

Esta mañana he encontrado una noticia que no por ridícula deja de tener su gracia. Rajoy sigue cobrando 870 euros al mes del Congreso para “alojamiento y manutención”. ¿De verdad no les da vergüenza? ¿Aún se preguntan por qué los ciudadanos normales y corrientes los valoramos tan despreciativamente? Es lo que tiene vivir en otra realidad.

 

 

 
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Publicado por en 19 de julio de 2012 en sociedad

 

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Una respuesta a “Desafección

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